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Lo sé, siempre he sido un poco cuadriculado para según que cosas. Soy muy defensor de lo que me gusta, pero reacio muchas veces a cosas nuevas. Soy de los que piensan por ejemplo, que -salvo honrosas excepciones- la música murió a princípios de los 90′. No compré en el momento de su publicación obras de arte del cómic como Watchmen o V de vendetta, porque al ser de DC, no podían ser buenas y algún que otro craso error más.
No me ha pasado sólo en lo que a lectura se refiere, en lo referente a series de Tv sin ir más lejos, en ocasiones me he perdido verdaderas joyas, por mi cabezonería. Mi hermano tuvo que venderme durante meses y meses Perdidos para comenzase a verla, a lo cual yo me negaba porque todo el mundo hablaba sin parar de la serie, y parecía que había aparecido una nueva secta a nivel mundial, que sólo comía, bebía y respiraba por LOST. -Si está tan de moda no pude ser buena- pensé yo. Y él no paraba de decirme:- Jonny tienes que verla, sé que te va a flipar. Y por supuesto tenía razón, en apenas un mes devoré las 5 temporadas que por aquel entonces se habían emitido. Lo mismo ocurrió con Espartacus, él me contaba una y otra vez, que era una serie que conociendo mis gustos, me iba a enganchar, y una vez más, tuvo razón. Bien es cierto, que yo le devolví la jugada con Big bang theory, pero eso es otra historia

Creo que todo se basa en el celo con el que acaparamos lo que nos gusta y que al final tendemos a considerar nuestro. A mí me pasa un poco con todo el tema friki. Ahora de pronto todo dios es friki, enciendes la Tv y ves camisetas de Los Vengadores y cosas por el estilo, señores que el nº 1 de Los vengadores se publicó en septiembre de 1963!!!, ¿ es qué nadie había reparado en ellos todavía?.
Perdón es que me “enebro” con estas cosas y a veces se me olvida que tengo 35 años y canas en el pecho…

Como iba diciendo, y reconduciendo un poco el tema, soy enemigo declarado de las modas, pero en ocasiones ( y si lo repites por ahí lo negaré…) por esa negación a todo lo que suena a nuevo y popular, también me he perdido cosas. Tardé mucho en leer El código Da Vinci, y después me gustó, de hecho hace muy poco devoré Inferno, el último de Dan Brown en apenas dos días. y toda esta charla sin sentido, me lleva a otro de esos errores, que afortunadamente subsané a tiempo.

La primera vez que vi un libro de Carlos Ruiz Zafón, fué en casa de la que por aquel entonces era mi suegra, Mercedes, en Toledo.
Sentada plácidamente en su sillón del salón, con uno de los gatos en su regazo, leía ensimismada La sombra del viento. Recuerdo que si había visto en las noticias que la última novela de un tal Zafon, se había convertido en un éxito de ventas, y fue precisamente eso, sumado a mi cabezonería estúpida en lo que a leer autores españoles se refiere, me hizo no darle ninguna oportunidad, a pesar de que Mercedes – alguien a quien siempre veías con un libro en la mano- me hablaba muy bien del mismo. Otra puñetera novela de posguerra -pensé, y una vez mas, me equivoqué.
Las novelas de Ruiz Zafón (espero que esto no sea spoiler a estas alturas ) son historias de fantasmas, añejos “cuentos de miedo” que nos sumergen con una prosa magistral, en unos escenarios -generalmente la Barcelona de los años 40-50 aunque no siempre- góticos y recargados, con un uso melancólico del lenguaje, que nos hace estar realmente entre las húmedas callejas, repletas de suciedad y hambre, mansiones burguesas que se caen a pedazos e internados de altas verjas repletas de hiedras.

Cuando comencé por puro hastío La sombra del viento, creí que iba a ser una de esas pocas veces que dejaba una novela a medias, pero ya en las primeras paginas, la descripción y concepto de “el cementerio de los libros olvidados” me  dejó clavado al libro, Casi pude percibir el olor a libro viejo, la oscuridad de sus pasillos, el eco de los pasos distantes…

En La sombra del viento en concreto y también en El juego del ángel ( 2ª parte de la trilogía aunque precuela del anterior ), el autor juega muy acertadamente con el concepto del libro dentro de un libro, y nos confunde y arrastra hasta que no sabemos si leemos la novela de Zafón o de “Julian Carax”.
Como he dicho antes, puede que si hubiera sabido que se trataba de historias de fantasmas, me habría decidido antes a leerlas, aunque también perdería mucho si solo me quedase con eso, ya que no sólo hay sombras amenazantes y ángeles mecánicos de alas desgarradas detrás de cada puerta, si no que los protagonistas también tiene que lidiar con las visicitudes própias de la época, y a la represión y oscuridad de el régimen franquista.

Tiene Ruiz Zafón algunas novelas de su llamada etapa “juvenil”, que aunque más “ligeras” no hay que desmerecer en absoluto. El príncipe de la niebla (2ª novela que leí de él ) y sobretodo Marina, dejan entrever muy claramente las maneras que apuntaba el por aquel entonces muy joven escritor. Ya dibujaban muy marcadamente las pautas que se repiten siempre en sus historias, un amor de juventud, un secreto y la omnipresente figura de lo maligno acechando. Son las suyas, unas novelas que pueden llegarte sea cual sea tu género preferido, ya que Zafón bebe de muchas fuentes, y pasamos de lo detectivesco al miedo en unas pocas paginas, y sobre todo el uso del lenguaje es sublime, recuperando ese castellano de nuestros abuelos y con unas frases tan memorables y cotidianamente poeticas, que leyéndolo, uno se da cuenta de cuanto le queda aun por aprender.

Acercarse a Ruiz Zafón, es hacerlo a un mundo donde unas pocas palabras dicen más que mil imágenes y en el que no hace falta tener héroes hercúleos con nombres anglosajones, para que una historia pueda ser absorvente y apasionante, y es que si no fuese un autor español, hace tiempo que tendriamos en las carteleras una super producción millonaria con las aventuras de Daniel Sempere.

“Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas”.

Mi nueva novela. Capítulo I.

Publicado: 24 marzo, 2011 en Literatura, Relato

Días sin nombre.

John Barragan.



Capítulo 1.

“Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes, tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, tristes.”

Miguel Hernández. 

 

Allí estaba por fin el punto final de su viaje. Nunca hubiera imaginado hace tan sólo unas horas antes mientras el traqueteo del tren le iba adormeciendo, que iba a poder dormir en una cama. Aunque fuese la cama de un nuevo hogar, o mejor dicho de una nueva casa al menos, ya tendría tiempo de convertirla en un hogar cuando le diese tiempo de instalarse y colocar sus escasas pertenencias en  el nuevo piso, que según su amigo era –Un sitio genial, tío, te encantará el barrio y el piso, apenas hay vecinos porque es un bloque muy pequeño y pese a tener solo un par de habitaciones tendrás sitio de sobra para tus cosas-. Eso le había asegurado al menos Joan una semana antes, cuando le pidió a su amigo que le buscase un sitio barato y tranquilo donde meterse, ante su próxima vuelta a la ciudad tras una larga temporada de “retiro” en Cuba. 

Los motivos de dicha escapada a la isla caribeña se perdían en el hervidero que era ahora mismo su cabeza, plantado como un pasmarote delante del viejo y destartalado portal de su nueva vivienda. 

 El viejo bloque, de cuatro plantas contando un bajo a nivel de calle, había visto sin ninguna duda días mejores. La chapa de “El Instituto de la vivienda”, que coronaba la puerta junto al número de la calle, el 6, tenía oxidado el escudo de La falange y era casi idéntico a todos los bloques construidos en aquella época. Grises y totalmente gemelos unos de otros, como los edificios colmena de las afueras de las ciudades, donde las familias trabajadoras de clase media-baja colgaban sus miserias de las mismas cuerdas de tender donde se secaban al sol de aquella preciosa mañana, las ropas húmedas de la ultima colada. 

Las paredes desconchadas y con una urgente falta de varias capas de pintura, estaba decorada por las típicas pintadas de barrio;  desde alguna torpe declaración de amor, hasta varias firmas de grafiteros con esos caracteres que solo ellos conocen, pasando por un desafiante “Moros fuera de aquí”, pintado en rojo sobre el muro lateral del portal.A pesar de haber vivido toda su vida en aquella ciudad, a veces parecía no reconocerla. Era  como si durante los cuatro meses que había pasado fuera, la ciudad se hubiera transformado en una olla a presión, de malos sentimientos y gente sin esperanzas que ahora culpaban a los inmigrantes de la penosa situación de desempleo que sufría no solo aquella antaño rica ciudad turística, si no todo el país.A parte de las pintadas y los desconchones en las paredes, aquel pequeño bloque de viviendas era un total misterio para él, ya que a pesar de conocer la ciudad al completo, aquella era una parte que no solía visitar demasiado, así que tras contar las casas de sus potenciales vecinos, seis balcones, de uno de los cuales, el 2º derecha, (tercero contando el bajo), ondeaba la bandera nacional, dándole a aquel cochambroso edificio, la pinta de el ayuntamiento de algún lejano pueblo de republica bananera.  Y dos bajos sin balcón, sustituidos estos por dos grandes ventanales con verjas. En referencia a la bandera que se movía suavemente por la brisa de aquella mañana, pensó que lo que le molestaba de los nacionalistas, fuesen del signo que fuesen es que parecían no tener memoria, siempre tenían que tener su bandera cerca para no olvidar de donde eran. Los estadounidenses, según su lógica, eran las personas más desmemoriadas del planeta.

 Recogió sus dos maletas, se ajusto la mochila al hombro y tras sacar trabajosamente las llaves del bolsillo trasero de su vaquero, inspiró profundamente, y dio un paso hacia su nueva vida.

Al intentar abrir la puerta comprobó que el bombín de la cerradura no giraba, y tras pelearse unos minutos con esta, probó todo tipo de disparates para abrir la puerta. Siempre podría recurrir a llamar a algún timbre y pedir que le abriesen, pero no le parecía la manera más óptima de comenzar aquella nueva fase de su vida.

Cuando estaba a punto de rendirse, y tras haber probado todas las opciones lógicas y otras que no lo eran tanto: probar con otras llaves que sabía perfectamente que no eran, rebuscar en los bolsillos, darle la vuelta a la llave e incluso forcejear con la puerta, una voz a su espalda lo sobresaltó sacándolo de su ensimismamiento.

– ¿tienes algún problema muchacho?  La voz resonó con fuerza tras él, con una mezcla de firmeza y preocupación.

Soltó las maletas y se giró para conocer al dueño de aquella voz potente y modulada que parecía ser de un locutor de radio y que sin ninguna pertenecía al primero de sus vecinos que iba a conocer.

Era un hombre más bien menudo, de unos setenta años medianamente bien llevados y con una espesa mata de pelo blanco, rematada por un bigote igualmente poblado aunque no tan blanco como su cabello ya que estaba teñido por la nicotina justo bajo su nariz, y que le otorgaba el aire de un teniente de la guardia civil de principios del siglo XX. Su peculiar aspecto iba rematado por una boina de pana marrón adornada por una pequeña estrella roja, una camisa de cuadros verdes, pantalón también de pana y unas zapatillas de andar por casa. En sus manos llevaba un periódico enroscado y una barra de pan aún humeante, que disimulaba el olor a orines de gato que inundaba el portal.

-He dicho qué si tienes algún problema. Insistió su vecino del bigote manchado de tabaco.

-E, es, estoy bien gracias. Le contestó. – es solo que no acierto a abrir la puerta.

-Por tus maletas veo que eres nuevo, además en este bloque todos nos conocemos, solo hay ocho viviendas así que, o bien vienes a vivir con alguien, o vas a ocupar el tercero izquierda.

-Vaya! ya sabe usted más de mi que yo de usted. Si, he alquilado el tercero izquierda, bueno mi amigo Joan lo hizo por mi. Me llamo Karlos, con “K”, ¿y usted?  Dijo Karlos al tiempo que le brindaba la mano.

-Así que Karlos con k, eh?, ¿eres vasco o algo así? Le preguntó mirándolo de arriba abajo con una sonrisa burlona.

-No, soy de aquí, lo de la k de mi nombre fue un capricho de mi abuelo.

Mientras mis padres me leían de pequeño cuentos infantiles, el bueno de mi abuelo, me contaba batallitas de su juventud, de cómo asediaron a los fachas en el alcázar de Toledo y me leía libros de Marx, que desde luego yo no entendía, pero a él eso le hacía feliz.

-Muy bien Karlos con k, tu abuelo y yo nos llevaríamos bien. Yo soy Ramón, aunque en el bloque todos me llaman “el ruso”. Pásate un día por mi casa, el primero derecha, con un paquete de Ducados y una botella de tinto y te contaré por qué. Por cierto, esta puñetera puerta tiene truco, no deja entrar a los extraños, ahora que nos hemos presentado no tendrás problemas. Ramón se echó a un lado haciéndole a Karlos un gesto con la cabeza para que probase a abrir la puerta de nuevo, mientras picoteaba la punta de la barra de pan aún humeante.

Karlos giró la llave no demasiado convencido, y en efecto, ésta se abrió sin dar problemas. Ambos pasaron al interior del estrecho portal, que estaba bastante más limpio de lo que parecía sugerir el exterior. Las paredes parecían estar recientemente pintadas, y tan solo unos destartalados contadores de la luz, que parecían poder incendiarse en cualquier momento, daban un poco de mala imagen a aquel sitio, que estaba completado por ocho buzones sin nombre, en los que solo constaba el numero de la puerta, y las dos puertas de los bajos derecha e izquierda.

 Ramón miro en su buzón,  y refunfuño algo en voz baja, al comprobar que solo había facturas. Ambos subieron por la estrecha escalera que olía a lejía y Ramón se quedo en el primer piso.

-Aquí casi todos somos buena gente Karlos con k. Veras como estarás bien, y recuerda, si te aburres y no te importa pasar un rato con un viejo chalado…       Ramón no terminó la frase, cerró la puerta tras de sí, y Karlos  se vio solo de nuevo. Termino de subir los tres pisos, y llegó hasta la puerta de su nuevo piso. Ahora descubriría si su amigo Joan tenía razón cuando le dijo que le encantaría el lugar.

 Abrió sin esfuerzo la puerta, que al igual que la fachada exterior había visto sin duda alguna días mejores. Una chapita de aluminio tenia gravado el piso: 3º I. Cuando se disponía a entrar en casa, le llegó un olor familiar desde la puerta de su vecino del 3º D.  Un olor denso que inundaba toda la escalera, y sobre el que no había reparado hasta estar delante de la fuente, posiblemente porque estaba solapado tras el aroma a pino del frega suelos barato. Al fortísimo aroma a marihuana, lo acompañaba rítmicamente los acordes de algún grupo reggae que no llegó a reconocer.

-Vaya, vecinos fumetas- pensó. Y se metió en su nueva casa. El tercero izquierda de aquel bloque de pisos destartalados, donde le gustase o no, tendría que poner en marcha de nuevo su vida, tan desconchada y llena de pintadas ofensivas como los muros de fuera. Y aunque se sentía como un gato abandonado buscando refugio de la lluvia bajo un coche aparcado, algo en los huesos le decía que estaba a punto de comenzar una etapa muy intensa de su existencia.

 Nada más entrar, le sobresaltó una imagen justo frente a él. Un espejo de cuerpo entero le devolvía el reflejo de un hombre joven aunque sus sienes y su barba de una semana, comenzaba ya a mostrar pinceladas muy repartidas aún de gris. Las bolsas bajo sus ojos mostraban el largo viaje en tren y todas las preocupaciones y desilusiones que se habían ido acumulando en ese trastero que todos tenemos en algún lugar tras los ojos. Su antaño abundante melena, se había reducido a una mata rizada y desordenada de pelo a la altura de los hombros, y todavía se estaba arrepintiendo de haber puesto en práctica esa costumbre o creencia tan extendida entre las mujeres y tan equívoca, que dice que un corte de pelo supone un cambio de vida. Sonrío para sí, no sin cierto grado de arrepentimiento al pensar en tamaña estupidez.

Unos vaqueros gastados que pedían con urgencia un lavado, y una camiseta negra descolorida completaban su imagen el en espejo, junto a la gran maleta y la mochila que dejó a sus pies en cuanto entró en la casa.

 El piso, aunque  recogido y humilde, (o quizás, precisamente por eso…) no le desagradó de entrada, y a pesar de constar tan sólo de un par de pequeñas habitaciones, un minúsculo cuarto de baño que hedía a humedad y una cocina americana, sintió buenas vibraciones de aquel lugar e inmediatamente, tras comprobar en su móvil que nadie le había llamado ni enviado ningún mensaje, se dio una larga y reconfortante ducha, tras lo cual deshizo su escaso equipaje y trato de hacer de aquel lugar, un sitio suyo.

 Aquella misma tarde, cuando toda sus ropa, libros y escasas pertenecías estuvieron colocadas en su sitio, cayó en la cuenta de que tendría que abastecerse al menos, de lo mínimo necesario. No es que tuviera hambre, pero a pesar de que no le apetecía en absoluto salir, tarde o temprano tendría que hacerlo. Cogió lo poco limpio que encontró y salió a hacer la compra, decidido una vez que tuviera todo lo necesario, a quedarse al menos un par de días en casa hasta que supiera  por donde empezar.

El hecho de ir a comprar a un supermercado, era algo que lo estresaba sobremanera, las madres con los carritos de los niños que actuaban como si estuvieran solas en la tienda, ocupando el espacio y tomándose todo el tiempo que fuese necesario para hacer una trivial elección entre uno u otro producto. Esas personas que esperaban que tuvieras un producto prácticamente en las manos para abalanzarse sobre el como si fuese el último sobre la faz de la tierra. O las miradas perdidas y desinteresadas de las cajeras, que no hacían un ápice por disimular que odiaban su tedioso trabajo. En definitiva, a Karlos le resultaba enormemente desagradable, cualquier actividad en la que tuviera que relacionarse con desconocidos.

No era en absoluto una persona cerrada o antipática, pero si un gran amante de su espacio e intimidad, y se esforzaba por mantener ese espacio incluso en la calle.

Mientras llevaba mentalmente las cuentas del dinero de que disponía para saber si echar o no, otro pack de latas de cerveza al carro, cayó en la cuenta de que apenas le quedaban un par de meses de ayuda por desempleo, y tal y como estaban las cosas, ese era un margen muy pequeño para encontrar un trabajo digno, si claro está, tal cosa seguía existiendo.

 

 Metió la compra en bolsas ayudado por la desganada cajera, que seguramente estaba más cansada por el peso de los descomunales aros de imitación de oro de sus orejas, y a la cual sólo le faltaba un exótico loro posado en sus hombros, que por el trabajo en sí.

 Mientras volvía a casa, se desvió a propósito por su antiguo barrio que no quedaba muy alejado del nuevo y observó la multitud de cambios que se habían dado en apenas unos meses; tiendas a las que antes solía ir ahora acumulaban suciedad tras los escaparates pintarrajeados, multitud de bares y restaurantes a los que había ido multitud de veces, tenían ahora carteles de “Se vende” colgados. Y no sólo estaban los locales cerrados, también le llamó la atención los que habían cambiado de negocio. Especial sensación le causó el viejo quiosco de la Señora Paz, donde compró sus primeros comics siendo apenas un niño, o donde años más tarde compraría  sus primeros cigarrillos, esos mismos cigarros que se fumaban a escondidas entre tres o cuatro al salir del colegio. Ahora aquel viejo quiosco en el que podías encontrar desde chucherías hasta latas de fabada, pasando por lo más granado del comic, tanto patrio como americano,-o al menos así se lo parecía a él de niño-, se había convertido en un veinticuatro horas, mucho más práctico desde luego, pero que no formaba parte en absoluto de aquellos recuerdo de infancia, que son lo que nos da forma, tanto como nuestro propio esqueleto.

Si cerraba los ojos casi podía verse a sí mismo corriendo por aquellas callejuelas ahora medio desiertas, camino de los campos cercanos o de la casa de alguno de esos amigos que hacía ya demasiado tiempo que no veía, bien por trabajo, bien porque sus parejas los habían “retirado” de la vida pública o simplemente porque la vida, los separó con el tiempo, llevándolos por muy distintos derroteros.

Buscó entre todas aquellos rostros anónimos, alguno que no lo fuese tanto, alguna cara familiar, pero parecía como si aquella ciudad que había sido siempre la suya, menos los últimos cuatro meses, hubiera cambiado tanto como cambia el amor o los sueños de un adolescente.

Aquella ciudad que lo había visto crecer, le resultaba ahora extraña, aunque no hostil. Enfrascado en ese pensamiento le vino a la memoria la letra de una vieja canción de The Doors: “ People are strange when you´re  stranger, Faces look ungly when you are alone…”[1].

Tan ensimismado iba, que estuvo a punto de tropezar al dar una esquina, con una niña que estaba sentada junto a lo que le pareció una caja de madera tapada con una manta de felpa. Era una preciosa mulatita de unos 10 años con la cabeza totalmente cubierta de unas graciosas rastas cortitas recogidas en una cinta, que dejaba al descubierto unos grandes y verdes ojos que contrastaban con la tez de su piel, dándole un aire exótico y agradable. La niña que se asustó cuando vio que un transeúnte con cara de ir pensando en sus cosas y no verla, estuvo a punto de tropezar con la caja que con tanto celo parecía proteger, echo manos a la caja, y comprobó que su misterios contenido estaba en perfecto estado.

 -Disculpa canija, no te he visto. Dijo Karlos, usando el término “canija” no despectivamente si no con una sonrisa para quitarle un poco de hierro al susto que sin querer le acababa de propinar a la niña. Ésta sin apartarse  de la caja, miró a Karlos de arriba a abajo con sus enormes ojos y después los volvió hacia la caja, de la cual, Karlos ya creía adivinar el contenido.

-¿Son cachorros verdad?. Le dijo, al tiempo que dejando las bolsas en el suelo intentaba echar una ojeada.

La niña, intuyendo como sólo saben hacerlo los niños, que aquel tipo de aspecto desgarbado y camiseta de Spider-man, no suponía ninguna amenaza, le contestó: -Si señor, son gatitos, mi gata ha tenido cachorros y mi padre me ha dicho que tengo que deshacerme de ellos o lo hará el.

La preocupación y la pena se dibujó en el semblante de la niña.

-No me llames señor, me haces sentir viejo y sólo tengo treinta y un años. Me llamo Karlos con k, es una larga historia. ¿puedo echar un vistazo?, me encantan los gatos, de hecho tenía uno hasta hace unos seis meses.

Karlos no mentía, era un amante de los animales en general y de los gatos en particular.

La mulatita, lo miraba muy atenta, pero sin llegar a comprender muy bien la charla de aquel que a ella le parecía un señor, en el peor sentido de la palabra.

-Yo me llamo Alma, ¿quiere llevarse uno?, tenía cuatro y solo me quedan estos dos. La niña apartó la manta, y enseguida dos pares de patitas, unas blancas moteadas de marrón y otras negras, se asomaron seguidas de dos cabecitas a cual más tierna. El cachorro blanco moteado de marrón, tenía la mirada perdida y parecía estar enfermo, el negro sin embargo, daba la sensación de ser mucho más despierto, y una pequeña mancha blanca alrededor del cuello, como la marca de la soga del cuento de Poe, hizo que terminase decantándose por el. Miró al otro gato como si lo estuviese condenando a muerte e hizo ademán de sacar la cartera.

-¿Cuánto quieres? Pregunto a la niña.

-Sólo quiero que lo cuide usted. Contestó mientras se despedía del gatito con una caricia. Pero éste parecía estar más interesado en alcanzar una pulsera de cuero que Karlos llevaba en su diestra.

-Lo cuidaré, no te preocupes por eso. Ahora vivo no muy lejos de aquí, si vuelvo a verte te contare como va. Y suerte con el otro. Dijo no sintiéndose demasiado bien consigo mismo, por dejar allí al otro gatito, o por elegir el que sin duda tenía más opciones tanto de ser adoptado como de sobrevivir.

Karlos se pasó las tres bolsas de la compra que llevaba a la mano izquierda, y  cogiendo con suavidad a “Bats”[2] pues así había decido llamarla, con la derecha, la acomodó contra su pecho. La gatita dirigía ahora todo su interés en alcanzar uno de los rizos de Karlos.

-Adiós Alma, lo cuidaré, no te preocupes. Echó un último vistazo al otro gatito y se marchó.

 Estaba contento por tener un nuevo compañero de piso, pero se le había quedado cierto regusto amargo por el otro animalito. –Vamos Bats- Pensó, tienes que estar hambriento. Y se fueron de allí rumbo a casa.

 


[1] La gente es extraña cuando eres un desconocido, las caras te amenazan cuando estas solo.

[2]  Bats o Bubastis, diosa egipcia de los gatos.

>EL PRINCIPE DE LAS RUINAS.

Publicado: 13 abril, 2010 en "Frikismo", Literatura

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Este es sin duda, uno de los apodos más amables otorgado por su autor el británico Michael Moorcock a su más famosa creación, Elric VIII, 428º emperador en sentarse en el trono de rubí de Melnibone. También conocido como “El lobo blanco” por su albinismo, o “El matador de mujeres” desagradable alias que no explicare para no destripar una parte fundamental del argumento de las novelas.
Elric fue creado en 1961, fecha en la que apareció pro primera vez en un fanzine de ficción, pero no seria hasta 1973 que veríamos aparecer su primera novela, “Elric de melnibone”, y el genero conocido como “espada y brujería” no volvería a ser el mismo. Las comparaciones siempre son odiosas, y al pensar ene ste genero, a todo el mundo le viene a la cabeza la obra de J.R.R. Tolkien y su sobre explotado “Señor de los anillos”. Las novelas de Elric, no se parecen en nada a Tolkien, son crudas, sangrientas, el bien y mal mal no están tan definidos como en el bonito cuento que no deja de ser “El señor de los anillos”. Elric es el emperador de una cruel raza alienigena que domino “Los reinos jóvenes” durante 10.000 años. Hechiceros desde la cuna y domadores de dragones, los melniboneses y su joven emperador albino centran toda la historia.
la de Elric es una historia de amor y muerte despiadada, de servicio a unos dioses locos que usan continuamente al protagonista a su antojo, y le despojan una y otra vez, de todo aquello que ama y anhela, principalmente la paz.
Pero hay algo mas original en esta historia contada a través de 6 novelas principales: Elric de melnibone, Marinero de los mares del destino, El misterio del lobo blanco, La torre evanescente, La maldición de la espada negra y Portadora de tormentas. Y dos secundarias: La venganza de la rosa y La maldición de la perla. El verdadero protagonista de las novelas, no es Elric, si no su inteligente y sintiente espada “encantada”, Portadora de tormentas, Stormbringer o Tormentosa. Diferentes nombre con que es nombrada en las novelas. La espada guia o maneja mas bien a Elric a lo largo de todas sus aventuras posicionandole allí donde ella quiere estar. Elric depende de la fuerza vital que le cede su espada maldita, ya que él es enfermizo y débil, y su espada mágica es una vampira de almas, siempre sedienta.
Otra de las particularidades de estos relatos, son “El multiverso”, creación de Moorcock, usada después por multitud de escritores. Hay multitud de mundos que convergen entre si, y en cada uno de estos mundos hay una encarnación del “Campeo eterno”, héroe destinado a mantener el equilibrio entre los absolutos de LEY y CAOS en el universo. Elric no es mas que una entre infinidad de encarnaciones, entre las cuales las principales junto al emperador de ojos de rubí, encontramos a Hankmoon, Corum y Erekose. Aunque hay muchos mas, y todos con sus correspondientes novelas, incluso hay alguna película como “Programa final” protagonizada por otra de las encarnaciones del campeón cósmico, Jerry Cornelius, una suerte de agente secreto.
Las novelas enganchan y apasionan desde la primera pagina. El lector temina compadeciendo a este peón de los dioses, que lo único que quiere es descansar, y que sin embargo se ve dirigido por fuerzas que ni comprende ni comparte. Su espada va cobrando mayor importancia con cada pagina que pasamos, hasta que finalmente, es ella y solo ella la que precipita el final de la historia, tanto es así, que las ultimas palabras de la saga son pronunciadas por la espada .
recomiendo encarecidamente, toda la obra de este genial escritor desconocido para le gran publico de este país, como ocurre con tantos otros genios. no solo las cronicas de Elric, si no desde luego las de Hankmoon, Corum y Erekose. Para aquellos mas vagos, existen las adaptaciones en comics de las sagas, eso si, no son fáciles de encontrar.
” Adiós querido amigo, fui mil veces mas malvado que tu”

>I AM PROVIDENCE.

Publicado: 20 febrero, 2010 en "Frikismo", Literatura

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Anoche, después de mucho tiempo posponiendolo, seguimos con una partida de “La llamada de Cthulhu”, que teníamos aparcada desde hace meses. Para los profanos diré, que es el juego de rol basado en la obra del escritor estadounidense Howard Philips Lovecraft.

Nacido en Providence, (Rhode Island), este autor, aunque desconocido para el gran publico de este país, es sin embargo uno de los más grandes escritores de terror del siglo XX.
Y como todos los grandes, la personalidad marcada y extravagante de este genio comenzó ya a fraguarse en su infancia. Lector precoz y empedernido, deboraba los bastos volúmenes de la gran casa familiar. Mientras los niños de su edad jugaban, el joven Howard, superprotegido por su madre, recientemente viuda, se internaba en “La Ilíada” y “Las mil y una noches” con apenas 8 años.
Dotado de una imaginación sin limites y casi enclaustrado en casa por su madre y sus tías, se vio obligado a desarrollar un rico mundo interior, donde era el protagonista de las mas increíbles aventuras. Fue en esta época en la que escribió unos cuentos cortos protagonizados por el infame “Abdul-Alhazred” que más tarde se convertiría en el escritor de su mas conocida, polémica e usada hasta la extenuación creación, “El Kitab-al-acib” o “Necronomicón” para los menos entendidos.
Este libro ficticio, (que quede claro), ha sido usado en varias películas como arquetipo de grimorio maldito. Incluso se ha convertido en marca de ropa para bakalas, para desgracia de los que consideramos que hay cosas que no deberían convertirse jamás en negocio.
La gran importancia de este libro, se debe a que en él se recoge, gran parte de la verdadera historia de los mundos creados por la peculiar mente del escritor de Nueva Inglaterra.
Un mundo, (el nuestro), avandonado en la mas vasta y desolada inmensidad, poblada únicamente por dioses ciegos e ignorantes, que pocas veces se preocupan por los asuntos de la humanidad, pero que cuando lo hacen, solo dejan la locura y la muerte como evidencia de su paso.
No quiero hacer de esto una biografía de Lovecraft, para tal fin recomiendo encarecidamente, “Lovecraft, una biografía” de Sprague de Camp. Cuya carátula original por cierto, fue usada después por la banda “Obituary” para uno de sus discos.
Lo que pretendo con esto es despertar el gusanillo de todos aquellos que no conozcan a este genio, o que lo conozcan únicamente por las poco afortunadas adaptaciones cinematográficas que se han hecho hasta la fecha: La saga de “Evil dead” por ejemplo de Sam Reimi, “Granja maldita”,
“Re-animator” de Brian Yuzna, de la cual se hicieron secuelas mas dirigidas al humor que a otra cosa.Pasando por “Dagon”, basada en los cuentos sobre Innsmouth, en la que fue la ultima interpretación del actor Francisco Rabal. Ahora mismo mientras escribo está en los cines, “La herencia Valdemar”, también basada en la obra de Lovecraft, pero sin estarlo en ninguno de sus relatos en concreto.
Dejando el cine a parte, la mejor manera de descubrir a Lovecraft, es buceando en su obra. O incluso en la de algunos de sus muchos seguidores ya que “Los mitos de Cthulhu”, (termino con el que se conoce toda la mitología propia de este escritor), fue seguida y desarrollada por muchos de sus amigos y seguidores. Clark Ashton Smith, Robert Block (escritor de Psicosis), Frank Belknap Long
, Robert E Howard, (creador de “Conan el Cimmerio”), y el que mas empeño puso y mejor desarrollo los mitos a la muerte del escritor, (al menos en mi opinión), Augusth Derleth.
También hay que nombrar escritores mas actuales como Brain Lumley, famoso entre otras cosas por sus “Cronicas necromanticas”, y Sthepen King, que aunque nunca ha escrito nada “situado” en los “mitos”, tiene una clarisima e innegable influencia Lovecraftiana.
El suyo, era un terror psicológico, donde era tan fácil perder la vida como la cordura para sus desgraciados protagonistas, ya que en su obra, apenas hay héroes que se alzan victoriosos ante la adversidad. Y en el fondo la humanidad nunca tiene la mas mínima oportunidad de vencer ante los horrores venidos mas allá de nuestro planeta, o de los mas profundo de nuestros océanos…
Que nadie se acerque a este escritor buscando algo que leer mientras le entra el sueño, Lovecraft exige y merece dedicación y admiración ya que se adelanto a muchos conceptos usados y mas que explotados en su genero. Desde sus cuentos cortos, hasta sus relatos mas largos como: “El caso de Charles Dexter Ward”, o “En las montañas de la locura”,(lo primero que leí de él, por cierto), pasando por la etapa de los relatos oníricos, destacando “En busca de la ciudad del sol poniente”, del ciclo de Raldolph Carter, uno de los pocos héroes Lovecraftianos. Su obra es extensa y absorvente. Tampoco hay que obviar su talento como poeta, que se encuentra recogido casi en su totalidad en “Los hongos de Yuggoth”.
La mañana del 15 de marzo de 1937, apenas un años depsues de que su amigo Robert Howard se volara la cabeza con una escopeta de caza, Lovecraft, murio a causa de un cancer de cólon, despues de una larguisima agonia.Desde entonces sus restos descansan en el cementerio de Providence, bajo una lapida que reza desafiante. “I am Providence”. Nos lego todas sus craciones: El Necronomicón, Los primigenios, los dioses arquetipicos, R,lyeh, Arkham, Innsmouth y un laaargo excetera.
y la acuciante sensación de mirar al cielo y al mar con cierta inquietud…
Quien sabe, quizas ahora este en el centro del universo, en el corro de los “otros dioses” bailando al ímpio són del ciego y loco sultan demoniaco Azathot. o lo que nos gustaria más a aquellos que veneramos su obra, puede que le esperase un destino más amable del que él otorgaba a sus personajes, y contemple la eternidad desde celephais, más alla del muro del sueño.
Némesis
A través de los portales del sueño, donde los Gules guardan,
y mas allá de los abismos de la noche, donde la luna mengua.
He repasado mi vida una y otra vez,
lo he examinado todo con la vista;
y cada amanecer lucho y grito, enloquecido de terror.
He girado a la par que la tierra en el principio,
cuando el cielo era una llama vaporosa;
he visto el oscuro universo bostezante,
donde los planetas giran negros y sin rumbo,
donde ruedan, horribles, sin ser vistos, sin conocimiento,
sin brillo, ni nombre.
He ido a la deriva por mares infinitos,
bajo cielos siniestros, de nubes grises
que el rayo rompe con afiladas cuchillas,
y que resuenan con gritos de histeria;
con los gemidos de demonios invisibles
que surgen en las verde aguas.
He atravesado como un ciervo las arcadas
de la hirsuta arboleda primordial,
donde los robles notan la presencia que camina,
y acecha donde ningún espíritu osa morar,
y huyo de la cosa que me rodea, y que me sonríe a través
de las ramas muertas que hay an lo alto.
He pasado por montañas llenas de cuevas
que se alzan, desnudas y tristes, en las llanuras,
he bebido de las fuentes fétidas y llenas de batracios
que desde allí fluyen hacia lows pnatanos del interior;
y en los lagos cálidos y malditos he visto cosas que no querría
ver nunca jamás.
he examinado el vasto palacio cubierto de hiedra,
he pisado sus salones desiertos,
donde la luna que se laza desde el valle
muestra tapices, colgados en los muros;
extrañas figuras, tejidas de forma discordante,
cuyo recuerdo no puedo soportar.
He mirado, atónito, desde los parapetos
a las praderas mohosas de los alrededores,
al pueblo de muchos tejados que se halla
bajo la maldición de una tierra rodeada de sepulcros;
y desde hileras de mármoles blacos, con urnas gravadas,
he escuchado atentamente.
He acechado las tumbas de todas las eras,
he volado en las garras del miedo
donde ruge el humeante Erebus;
donde los glaciares se alzan, nevados y terribles:
Y en reinos en los que el sol del desierto consume aquello
a lo que nunca puede dar vida.
Yo era ya viejo cuando los faraones alzaron
su trono enjoyado junto al Nilo;
era viejo en aquéllas eras incontablez
en las que yo, y sólo yo. era malvado;
y el hombre, aún feliz e inocente, vivía alegre
en la lejana isla del Artico.
Grande fue el pecado de mi espíritu,
y grande es el alcance de sus consecuencias;
ni la piedad del cielo puede alegrarme,
ni encuentro reposo en la tumba:
porque de las eras infinitas acuden, batientes,
las alas del terror inmisericorde.
A través de los portales del sueño, que los Gules guardan,
mas allá de lso abismos de la noche,
donde la luna mengua,
he repasado mi vida una y otra vez,
he examinado todo con la vista;
y cada amanecer lucho y grito,
enloquecido de terror.
H.P. Lovecraft.

>Hace tiempo que llego a mis oídos,

que el genial Tim Burton estaba preparando,una película sobre la obra maestra de Lewis Carroll,”Alicia en el país de las maravillas”,y supongo aunque no se menciona también sobre,”A través del espejo”.
Es un error muy común propiciado sobre todo por la versión de Disney,que estos dos relatos son el mismo, ya que en dicha versión y en la inmensa mayoría de las que existen,”A través del espejo”, se obvia, y
siempre nos han hecho creer que eran un solo relato, o que el segundo no existía.
Escenas tan icónicas como el jardín de las flores vivientes,la partida de ajedrez, o el encuentro con los gemelos “Tweedledum y Tweedledee”,transcurren en la segunda parte.
Dejando a aparte todo esto,os invito a todos a descubrir estos cuentos únicos,y comprobareis asombrados que no conocíais en absoluto la profundidad de esta obra,onírica como pocas.
“Alicia”, forma parte de esas historias,que hartos de ver en su versión de animación o en alguna que otra producción mas o menos afortunada,creemos que no tiene nada que ofrecernos.
Craso y habitual error,este es un libro,entretenido,inquietante y absorvente,no digo que sea una de las obras maestras del siglo XIX,pero desde luego merece ser leido con atención y sin complejos.Me paso algo muy parecido con “Frankestein”, no hace mucho, nunca me había molestado en leerlo, y eso que tengo el libro desde niño,pensando equivocadamente que conocía la historia,sobre todo tras la magistral versión de Kenneth Branagh,pero no!,el libro es una maravilla, que aunque al principio se hace un poco tedioso y tiene varios errores típicos de una escritora primeriza,(Mary shelley tenia apenas dieciocho años cuando lo escribio),no deja de ser una gran obra cargada de simbolismo y mensaje.
Para no desviarme mucho del mensaje original(algo típico en mi),diré que en la película, que previsiblemente se estrenara en marzo de 2010, veremos a Johnny Deep como “Sombrerero loco” y a Helena Bonham-Carter como “La reina de corazones”.
Nos queda aun un año casi, para descubrir que hace el bueno de Burton con este clásico,pero al menos yo estoy esperando ver a la inocente Alicia bajo la gótica visión del peculiar director.
Como curiosidad contare,que la figura de Lewis Carroll también es digna de redescubrimiento y estudio, llego a ser uno de los nombres que se barajaron como posible Jack el destripador,ahí dejo eso…
Hasta que nos veamos en los cines…
!Feliz no-cumpleaños¡.